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viernes, 17 de marzo de 2017

Esteban Becker, actual seleccionador de Guinea Ecuatorial “Soy un entrenador salido del barro”


Hoy hablamos con Esteban Becker, un clásico de los banquillos madrileños que, hace 5 años, le salió una oportunidad que iba a suponer un cambio radical en su vida: entrenar a la selección femenina de Guinea Ecuatorial a la que hizo campeona de la Copa África.

Este logro le abrió las puertas para convertirse en seleccionador masculino y consiguió el hito de meterse en unas semifinales de la Copa de África.

A pesar de su nueva vida no se olvida de sus orígenes y de la experiencia adquirida en los campos madrileños, donde guarda gratísimos recuerdos y reconoce que le sirvió para curtirse en la profesión.

¿Saben que, a pesar de todo lo vivido en Guinea, el momento más vibrante en un banquillo lo vivió con una remontada histórica con el San Fernando ante el Torrejón de Ardoz?



Esteban, eres un viejo conocido de los banquillos del fútbol modesto madrileño, y desde 2015, eres el seleccionador de Guinea Ecuatorial…

Antes que nada decir que estoy encantado de hablar contigo en tu blog sobre el fútbol modesto. Pues, efectivamente, soy un clásico de los banquillos del fútbol modesto madrileño y me he pasado toda mi carrera en los banquillos de la Comunidad. Y bueno, desde hace 5 años, estoy en Guinea Ecuatorial muy feliz y muy contento.

¿Cómo surge la oportunidad?

Fíjate cómo son las casualidades de la vida. Estando en Fuenlabrada me viene un entrenador guineano joven y me dice que le gusta mi forma de trabajar, mi metodología y que quiere aprender. Venía un día, dos días, tres días a la semana hasta que le dije que se quedara con nosotros. 

Actualmente es mi adjunto. Estuvo un año haciéndose 150 kilómetros al día para ir a Fuenlabrada. Después de 2 años me vino a buscar y me dijo: mi país te necesita para ser el seleccionador del fútbol femenino, lo que me sorprendió mucho. Me dijo que, de todos los entrenadores que había visto, yo era del que mejor había hablado. Así que, al final acepté porque a nivel económico también era una oferta interesante.

En un principio lo de entrenar a mujeres te supuso muchas dudas, ¿no?

Lo primero era un reto porque yo nunca había entrenado a mujeres, pero era una selección y el nivel que tenían era muy alto y eso permitió que materializara el trabajo y lográramos ser campeonas de África. Y bueno lo que yo no quería al principio era entrenar fuera del país porque en Madrid estaba reconocido. Pero al final hice las maletas porque era una oportunidad, una forma de crecer de la que estoy muy orgulloso y contento. Después de ese éxito me ofrecieron ser el seleccionador de la masculina.



¿Cómo fue tu primer contacto con el país? ¿Qué fue lo que más te llamó la atención?

A mí me recuerda mucho a lo que viví en Argentina. Llevo desde 25 años en España, los primeros 25 en Argentina. Y es muy similar porque se vive a partir del amor a una pelota de fútbol. El guineano es muy futbolero, es una persona muy apasionada, que tiene un gran amor por el fútbol, que viven  como decimos nosotros en Argentina en los potreros no edificables, que, como yo viví en mi país, están jugando al fútbol todo el día. En definitiva compiten, juegan y tratan de ganar y todo eso cobra un carácter importante a nivel persona y se manifiesta después en el terreno de juego, lo que ha hecho que este país haya crecido mucho en este aspecto.

¿Qué es lo que más te está costando de esta aventura?

Hay que decir que de todos los países que componen África, solo Guinea Ecuatorial habla el castellano, lo cual facilita mucho las cosas. Sabemos que, tanto Argentina como Guinea, son hijos de la madre patria, que es España y eso facilita mucho la labor. Aun así también se habla un poco inglés y un poco de francés, pero el español es el idioma principal. Cualquier guineano, aparte del ser del equipo de su barrio, es del Real Madrid, de Atleti o del Barcelona.

¿Cómo es el día a día del seleccionador de Guinea Ecuatorial?

Decir que entrenar a una selección es distinto que entrenar a un club. En un club se vive de lunes a lunes el día a día. Se vive el partido, el postpartido, la semana… ese micro ciclo de trabajo no lo tienes en una selección. Pero hay que decir que hay un trabajo enorme de gestión, ir a ver jugadores, buscar a nuevos jugadores por todo el mundo, saber si juegan, no juegan, si están lesionados…

Hay un trabajo casi informático y de gestión que nadie ve, que es un trabajo sucio… y en eso estamos: viajando a ver a Emilio Nsue que ahora está en el Birmingham y antes en el equipo de Karanka. He tenido la suerte de hablar con Karanka y con otros entrenadores que están en la élite y he compartido muchas vivencias. Todo esto te hace crecer y estoy muy contento con esta experiencia. 

¿De qué ligas y en qué categorías suelen ser los jugadores que convocas?

Esto es un hándicap. Nosotros nos enfrentamos a la Costa de Marfil de Touré, nos enfrentamos a Egipto de Salah y nosotros jugamos con jugadores que militan en la segunda B y en la tercera. Nuestra figura es Javier Balboa que milita en la segunda división de Grecia.

¿Existe algún jugador en el futbol modesto madrileño con opciones de ser seleccionado?

El reflejo de que nosotros no miramos el DNI, por ejemplo, Josete es un jugador del Getafe que con 16 años le hicimos debutar contra Egipto y Costa de Marfil. El chico tiene cualidades para rendir mucho más y está jugando entre el equipo de tercera y el juvenil. Como él hay muchos más que tienen unas cualidades tremendas

Y, ¿cómo es el fútbol en la liga local de Guinea Ecuatorial?

La liga se podría comparar con la tercera división madrileña. Es una liga que tenemos muy trillada donde juegan 300 futbolistas que tenemos a todos debidamente controlados. De ahí sacamos jugadores que se tienen que enfrentar con jugadores de la gran élite. Ese es nuestro gran mérito que, siendo un país de un millón de habitantes, nos enfrentamos a gigantes como Nigeria que tienen 180 millones, Camerún, Ghana, Costa de Marfil, Túnez, Marruecos, que son superpotencias. Y aún así, no sé cómo… estamos haciendo que Guinea tenga un lugar en el mundo.  
 

 

¿En qué categoría militaría la selección que diriges si jugara como equipo en España?

Como somos una selección y nos enfrentamos a las mejores selecciones, deberíamos jugar en primera. Nosotros podemos jugar contra equipos de primera y hacerlo bien, contra equipos de segunda también. En segunda B nos saldríamos de la tabla.

¡Vaya machada lo del cuarto puesto de la Copa África, además, tuviste que organizarlo en menos de un mes!

Creo que lo mejor fue rescatar lo mejor de los jugadores de país y el vínculo corazón/sangre ya que el 100% eran jugadores ecuatoguinenos, cuando antes no era así.

Hubo un fuerte vínculo a nivel emocional, lo que nos permitir rendir a ese nivel. Además, jugábamos como locales con el apoyo de 40.000 personas y a pesar de no estar acostumbrado a ello los jugadores se agrandaron.

¿Cómo se logra convencer a un jugador y a una plantilla que no son inferiores a nadie, ni siquiera a jugadores que juegan en la Bundesliga y valen 30 millones de euros?

En mi caso desde el punto de vista motivacional les decía: mira este jugador que juega en el Nápoles, o en el Mónaco.. les decía tú no eres mejor que este jugador, tú estás jugando en el Almería B y estos están ganando  3 millones de euros… Tú crees que no puedes conseguirlo y yo creo que sí. Ése ha sido mi trabajo a nivel de motivación. A nivel colectivo lo hemos logrado y a nivel individual estamos en ello. 




¿Cómo viviste todos esos días, esos partidos, esa ilusión?

Tuve la suerte de que cuando jugamos finales o semifinales mi familia pudo visitar el país y ver la gran locura colectiva. La gran marea roja  que se vivió en el Mundial o las Eurocopas en España se vivió en Guinea Ecuatorial. Ver y sentir a un millón de habitantes volcados en la calle animándote no tiene precio, ni forma de expresarse. Hay que vivirlo porque es una gran emoción y una gran alegría. A nivel autoridades, a nivel nación te condecoran como héroes nacionales y eso es glorioso.

Antes de esta oportunidad desarrollaste tu carrera profesional en los banquillos del fútbol modesto madrileño. ¿Qué te aportó esta experiencia?

Desde aquí quiero mandar un mensaje a todos los entrenadores madrileños y españoles. Antiguamente no había esta exportación de talento hacia el exterior, tanto de entrenadores como de técnicos. Ahora vemos a entrenadores como Guardiola en Inglaterra, cómo Lopetegui tuvo que salir fuera para hacerse más fuerte y crecer, el mismo Del Bosque  que también tuvo que irse a Turquía…

Creo que salir te hace ver cosas que antes no veías y ser mejor. En mi caso han sido  5 años de gran  crecimiento. A mi favor tengo las enormes experiencias que viví desde que salí de Alcalá, Ciempozuelos, Fuenlabrada, San Fernando.. Todas esas vivencias me han hecho crecer. Para mí, pasar por todos estos equipos de la Comunidad de Madrid me ha hecho crecer, madurar y ser muy feliz. Soy un entrenador salido del barro, porque me he curtido en el barro de los campos de futbol madrileños. 



¿Cuál es tu mejor recuerdo vivido en un campo de segunda B o tercera?

Quiero felicitar a todos los humildes del fútbol. A todos los que con tesón, dedicación, por amor al fútbol dejan a sus familias, que pasan horas y horas que se suman a semanas, a meses y años dedicados a su amor al futbol.

Son verdaderos apasionados de este deporte que lo hacen crecer. Doy fe de todo esto que te cuento de cada vestuario, desde la señora que lavaba la ropa, al utillero, el delegado que han sido muy importantes en mi vida.

Uno cuando llega a un club tiene que saber que los verdaderos protagonistas no son solo los futbolistas sino todos los que sienten amor por el club como los aficionados.

El fútbol en estas categorías a veces es también injusto y poco agradecido…

Supongo que te refieres a lo que me pasó en Alcalá. Yo cojo al equipo en un momento delicado en segunda B con 4 victorias de 24 posibles. Yo estaba en el Alcalá B, que llevábamos 7 victorias seguidas y me ofrecieron el primer equipo. 

Ganamos 4 de los primeros 5 partidos. El equipo tenía un tumor terminal y al final descendimos pero me dieron la opción de entrenar al equipo en tercera. En marzo en la jornada 30 siendo líderes me echan. ¿Por qué me echan? Circunstancias de la vida. Cuando me despedí le dije al presidente, fueron ustedes los que me cogieron, ahora me echan, no tengo ningún problema. Me voy y la vida me va a sonreír porque soy un trabajador y sé que no soy culpable de esto. El fútbol tiene estas miserias, pero también tiene otras grandezas.

Después de haber jugado finales, haber ganado copas de África y demás quiero hablar de un partido que me ha marcado a mí para siempre y que tiene que ver con esto de las remontadas. Estando en el San Fernando en preferente  nos jugábamos el ascenso a tercera división en mi casa, en Torrejón de Ardoz. En el minuto 90 perdíamos 3 a 1 y necesitábamos ganar. Te juro que no hubo maletines ni nada raro de por medio. Al final ganamos 3-4. Esto es una de las cosas más vibrantes que me ha podido pasar en la vida en los banquillos. En el campo no habría ni 500 personas. He estado en campos con 40.000, con 60.000 personas, me da igual. Quizá lo más sentido como entrenador fue esa remontada.



¿Qué estas aplicando a los banquillos de tu época de jugador?

Lo que más puedo estar agradecido a la vida es que después de aprender a caminar empezara patear un balón. Desde pequeño, toda mi vida ha estado relacionada con una pelota de fútbol. A los 10 me ficha el Independiente de Avellaneda, estoy hasta los 16 que me ficha otro equipo de primera, luego viajo a Israel, pruebo en el Atlético de Madrid, en Alemania, en Bélgica. Todo ese tiempo de jugador de futbol sin haber sido un Messi  o un Maradona me han servido de mucho para mi posterior carrera como entrenador. 

¿Qué planes u objetivos tienes a corto plazo? Después de esta experiencia internacional ¿volverías a entrenar a un equipo del fútbol modesto?

El amor que tengo por el fútbol hace que tenga claro que me vaya a morir en un banquillo. Actualmente estoy muy bien donde estoy. Existen 200 selecciones en el mundo y yo soy el seleccionador de una de ellas. Me siento muy contento y muy orgulloso con lo que estoy haciendo pero eso no quita que no extrañe el entrenar a diario, el ganar, perder, el preparar el próximo partido... Todo eso lo echo de menos. Si bien estoy muy feliz, en cualquier momento puede darse puede darse el salto a otro sitio. Pero donde vaya lo haré con mucho amor.